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diariovasco.com - «Hay tantos Miamis como Donostias»


Minutos antes de subirse al escenario para ofrecer anoche un concierto en Ciudad Real, Alejandro Sanz (1968) habla para DV de la gira El tren de los momentos que el próximo domingo le traerá al Velódromo donostiarra.

- Nueve años desde su última actuación en Donostia. Mucho tiempo, ¿no?

- Muchísimo, la verdad, pero eso depende del empresario. Vamos a ver si la gente se acuerda todavía de mí.

- ¿Recuerda aquel concierto?

- Hombre, yo he estado muchas veces en Donostia. Es la ciudad preferida de mi padre porque trabajó mucho tiempo en La Perla. Hemos ido muchas veces para descansar, aunque de aquel concierto no recuerdo mucho.

- Stress, prensa rosa, asuntos judiciales... ¿Le ha decepcionado el éxito?

- No, bueno, yo diferencio mucho entre el éxito y la fama. Picasso decía que la fama es el castigo que Dios nos manda a los artistas. A veces el precio es demasiado alto y te planteas muchas cosas, pero tiene otras satisfacciones. Por ejemplo: un grupo de artistas impulsamos la Fundación Alas que, ahora mismo, está recaudando dinero para Perú. Eso no lo consigues si no eres famoso. Tiene su lado bueno y su lado malo, pero al final intento rescatar lo bueno.

- Está de moda ir en pareja: Serrat y Sabina, Fito y Calamaro...

- Tiene su aquél eso de compartir la responsabilidad de los conciertos con un compañero con el que te llevas bien y cuya música te gusta. La fórmula es buena, pero de momento no la he aplicado. Ya veremos...

- ¿Con quién lo haría?

- Se podría plantear en un futuro con Juanes o con otros. No sé, hay muchos con los que me apetecería tocar.

- ¿Qué tal se lleva con su repertorio en esta gira? ¿Está cansado de algunas canciones que el público sigue pidiéndole?

- No, bueno, eeehh... Intento cambiar los arreglos de las canciones y además cada vez que las canto intento ponerme en la misma situación en la que las escribí. Es un ejercicio bastante complicado, pero intento hacerlo porque si no, es bastante difícil no cansarte de cantar siempre los mismos temas.

- ¿Cómo están siendo los directos de esta gira?

- En este repertorio está todo el disco nuevo, lo que te da un aliciente. Muchos de estos temas cobran un nuevo sentido en directo y la gente las capta por primera vez. Hago también una especie de medley con algunas canciones de toda la vida. Los conciertos son como un pequeño viaje y cuando terminan, la gente se da cuenta de que se le han pasado las dos horas sin darse cuenta y aún quiere más. Esa sensación es bonita.

- ¿Cómo lleva los contínuos viajes?

- A mí me gusta la vida en la carretera. Ya de pequeño viajaba mucho con mi padre y me ha quedado esa cosa. De un modo u otro, te vas metiendo en los paisajes de los lugares a los que vas a tocar y también los paisajes se meten en ti. Luego, cuando vaya a escribir, seguro que me ha enriquecido.

- ¿Cómo afecta a su música el hecho de vivir en Miami? ¿Le influye el sonido de esa ciudad?

- Hay muchos Miamis, tantos como San Sebastián. Mi música no está influenciada por el sello Miami, que es muy característico. Creo estar mucho más influenciado por la música de aquí que por la de allí. Cuando ven el lugar en el que vivo, muchos músicos que me han visitado terminan preguntando cuánto vale una casa allí. Vivo muy bien cerca del mar y muy fuera de todo los que es el ambiente del Miami más gustoso.

- Fue uno de los artistas que salió en defensa de Julio Medem cuando se estrenó "La pelota vasca". ¿Cómo ve el asunto?

- Julio lo explicaba muy bien en esa película, por eso me dio tanta rabia que le atacaran tan fuerte y de forma tan ignorante. No creo haber visto una película con tanto trasfondo pacifista como ésa. La he visto cuatro veces y no sé cómo explicarlo... el problema vasco me dio terror, miedo, porque vi el esperpento, el triunfo del absurdo. Esa película lo reflejaba muy bien y ese problema enquistado me sigue pareciendo un esperpento. La última vez que la vi estaba con varios amigos y me tuve que ir porque de repente me di cuenta que los ocho que estábamos allí nos comportábamos exactamente igual que la gente de la película: hablando a la vez y sin escucharnos.

 

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